sábado, 7 de junio de 2008

El Planner desde una mirada compleja.

El Planner desde una mirada compleja.
La observación del planner debe poseer capacidades.
La capacidad de asombro ante sujetos y objetos de estudio que desde la simplicidad de situaciones y ámbitos se transforman en operaciones complejas.
El pasaje de la simplicidad a la complejidad tiene su fundamento en la actitud con la cual se posiciona todo profesional. Cuando se logra la mirada compleja, la mirada totalizadora y totalizante, pasamos de la observación a la intervención.
Intervenciones interdisciplinarias e intradisciplinarias, puesto que desde diferentes saberes se arribarán a soluciones innovadoras, manifestadas en función al manejo de herramientas que permitirán desarrollar estrategias y tácticas pensándose y pensando, sintiéndose y haciendo sentir el ser distinto, ser profesional, que no es lo mismo que profesión.
La profesión parte de la cotidianidad, de pertenecer a un status. El ser profesional se siente. Se aprende y aprehende de la cotidianidad, de la búsqueda a la aproximación de la realidad objetiva sin dejar de lado la subjetividad.
Poseyendo actitudes permanente de aprendizaje.
La estructura de demora. El saber esperar para intervenir en el momento preciso con la prudencia y el respeto al otro. Intervenir en un “aquí y ahora” no es lo mismo que intervenir fuera de tiempo. Puesto que el factor tiempo, juega como momento. Una mala jugada es una pérdida y un retroceso. Una jugada efectiva pasa a ser un éxito.
El aprendizaje será todo aquello que ya viene con uno, con cada uno de uno. Es la mochila que llevamos y se denomina matrices de aprendizaje. En ella se llevan los mandatos, los prejuicios, el no saber disociar, y se traslada a diferentes ámbitos, a diferentes grupos, a diferentes escenarios. Y que se fue llenando y se seguirá llenando con la vida.
Estos
escenarios serán transformados permanentemente, puesto que al transformarse la realidad, el contexto, se modificará ese escenario. Se dice entonces que estamos ante la presencia de un texto. Texto en relación al contexto. Y este contexto se hace texto. Es texto, porque se reproduce en escena. Somos escena en el escenario.
No es fácil lograrlo, puesto que aparecerán miedos básicos, el miedo al ataque y el miedo a la pérdida.
Sentirse
atacado por otro que es diferente y piensa diferente, manifestando una conducta paranoica.
El sentirse perseguido, en definitiva es propio de la inseguridad. Generalmente se caracteriza por poseer un rol estático de liderazgo autocrático. Puesto que se defiende en forma constante porque se siente perseguido. Se defiende desde el poder. Un poder que fantasea tener y poseer, puesto que es su propia debilidad.
El sentir miedo a la pérdida es perder aquello que tenemos, y lo que se tiene es el sostén, aquello en lo cual se cobija. La conducta se visualizará en una conducta esquizofrénica.
Pero lo que se visualiza es miedo al cambio. Y el ser profesional es dominarse para cambiar, para adaptarse a la realidad.
La actitud de adaptación no se consigue sino se dejan de lado los prejuicios y los miedos.
El miedo paraliza, el miedo crea y recrea escenas que pueden manifestarse con agresividad, puesto que se defiende con bronca. La bronca es un estado de ánimo que se traslada a la agresividad y la agresividad a la violencia moral. “Se ataca por donde más le duele al otro” para que el otro piense que “uno es más fuerte y la fortaleza la relaciona con el poder”.
Los prejuicios hacen al estereotipio.. Puesto que internaliza la idealización de si mismo y se deposita lo malo en el otro. No se hace cargo sino que hace cargo de sus propias falencias.
El prejuicio surge por conveniencia, para discriminar, descartar o dominar a otras personas o aceptarlas preferentemente, sin tener remordimientos y sin pararse a pensar si eso es bueno o malo, o si es una opinión objetiva o subjetiva. Comúnmente es una actitud hostil o menos frecuentemente, favorable hacia una persona (o grupo) que pertenece a determinado grupo simplemente por el hecho de pertenecer a ese grupo, en la presunción de que posee las cualidades negativas o positivas atribuidas al mismo. La opinión se produce respecto del grupo prejuiciado y después incorpora al individuo. El prejuicio es una evaluación preconcebida de las personas, una idea preconcebida que se tiene sobre los otros.
La actitud materna es la capacidad de albergar y sostener al otro en momentos de crisis y angustia producida en diferentes ámbitos. Desde el rol de planner debe poseer esta actitud materna cuando se transitan momentos grupales que obstaculizan el desenvolvimiento del equipo. Es complejo puesto que un integrante de un grupo puede transferir inconscientemente miedos al resto del equipo y de esta forma aparecerá en la horizontalidad grupal. El grupo se estanca, se estereotipa y no logra entrar en tarea, ya sea por cuestiones emocionales o por agresividad que emerge inconscientemente en el quipo.
La intervención tendrá que ver con el momento justo de señalamiento de este momento y hacerlo manifiesto. Para que se logre verbalizar y así luego reflexionar y hacer sacar conclusiones que llevarán al movimiento.
La actitud paterna tiene su fundamento en los límites. Poner límites cuando hay que ponerlo, es saber diferenciar momentos. En el planner esta actitud será de promover un direccionamiento como mandato.
El ser planner no es sencillo. Para encuadrarlo en comunicación, es importante que quien asuma este rol, pueda poseer una actitud denominada proxemia, la distancia óptima para intervenir en el momento indicado, ya sea a través de señalamientos, de cuestionamientos, de reflexión o de otra técnica que tendrá que ver con aptitudes.
La aptitud a diferencia de la actitud se aprende y se transmite en forma consciente. Es un aprender a enseñar, es aplicar el saber desde el conocimiento, y trasladarlo al equipo, para que el mismo pueda aprender.
Para ello se debe dejar de lado los miedos y los prejuicios.
Si analizamos lo publicado se podrá ver un espiral constante de un hacer, un sentir, que retrocederá y avanzará permanentemente. Sin embargo nunca retrocederá al mismo lugar desde donde se partió, puesto que el aprendizaje habrá permitido un “darse cuenta” y un “dar cuenta” del acontecer del ser profesional.

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