domingo, 31 de agosto de 2008

Grupos de Pertenencia. La Universidad desde una mirada compleja.

La necesidad hoy la encontramos en la mirada totalizante de los grupos de pertenencia. Las tribus urbanas cumplen un rol en el contexto de las organizaciones. El contexto es texto, en los distintos ámbitos en los cuales se desarrolla un sujeto. Un sujeto que como ser de necesidades, que intenta pertenecer a los grupos a través de la identificación. Un sujeto que proyecta en el objeto, en su mundo externo, sus actitudes, que devendrán en conductas. Y así cada objeto depositario del cada uno, construye la identidad de los grupos, donde se juega un asumir y adjudicar roles, los cuales se pondrán de manifiesto en la misma horizontalidad grupal.
El pertenecer a esos grupos no es tarea fácil. Los propios integrantes ponen sus reglas y restricciones, las cuales en algunos casos, es poner en riesgo su propia vida. La violencia se instala en los pre – adolescentes, adolescentes y jóvenes como un desafío al ser poderoso ante el otro. Y el juego que no lo es tanto, no tiene límites. Ejemplos, lamentablemente nos sobran. Los chicos en el entubado, los videos de youtube, el chico del tren …
Emergentes que, como punto de partida nos remonta a Carmen de Patagones, el recordado maestro Carlos Fuentealba, Axel Blumberg, Cromañón y tantos otros casos en diferentes contextos.
Emergentes que surgen de la necesidad a la carencia de sostén, y a la vez de límites.
El abordaje en este caso es el del fracaso de un sistema que cada vez, busca como referentes a los propios actores. La Institución Educativa, y pondré foco en las Universidades Privadas.
Los adolescentes pertenecen a la cultura del “todo vale”, de “lo fácil” del “vacío”, si bien es cierto la necesidad a pertenecer conforma identidades, también es cierto que la Universidad Privada, avala la cultura del “todo vale”, de “lo fácil”, del “vacío”.
Con la salvedad que no son los docentes, profesores, capacitadores quienes lo instalan, sino la misma Institución.
La calidad del ser estudiante no pasa por una nota, pero sí debería instalarse la cultura del conocimiento, del saber hacer, del evidenciar compromiso, dedicación, etc. Sin embargo son los mismos docentes quienes en ocasiones chocan contra la cultura impuesta y sostenible de la Institución Universidad del “todo vale” y del “facilismo”.
Es aquí donde se produce el vínculo entre los alumnos y la institución, puesto que la internalización de la cultura que atraviesan los adolescentes y jóvenes, aparece como la cultura que la Universidad les propone, enfatizando en “les” puesto que es el modo y no la moda y un modo impuesto, peor aún.
Y es aquí donde emerge el ranking de cantidad de alumnos que posee un universidad valorando la cantidad sobre la calidad. Ocurre que la calidad no se cuantifica en ingresos, y la cantidad contabiliza, traduciéndose en rentabilidad.
Entonces lo fácil atraviesa a ambos, y paradójicamente cuando el “todo vale” no vale en ámbitos laborales. Aquí comienza una nueva etapa, un nuevo existente. Qué ocurre cuando el estudiante comienza la búsqueda laboral.
Notamos a diario que quienes atraviesan por esta etapa, la pertenencia a la institución universidad retrocede a una “simple afiliación” sostenida con el afán de finalizar lo más rápido posible sus estudios porque ya no quieren pertener.
El polo sujeto predomina sobre el polo grupo por un “darse cuenta” que no han sido preparados para instancias laborales. Es ahí donde valoran al docente que con su compromiso y dedicación, asumió un liderazgo operativo, donde dejó hacer cuando era posible hacerlo, puso límites cuando tenía que ponerlos, aún en contra de la universidad quien desde lo académico trató por todos los medios que el alumno pueda rendir bien esa materia que tanto le cuesta con su profesor, y le abren entonces una mesa de examen donde ya de antemano, el alumno aprobará. O bien cátedras con tres docentes, puesto que eludir al “más difícil” ahora, es “tarea fácil.”
Pero en ese darse cuenta, comienza a producirse el alejamiento del estudiante a esa Institución que los formó. Manifestándose desde donde pueden hacerlo, desde la bronca, donde la desconfianza es el polo dominante.
Sin embargo la universidad y sus directivos, depositan “todo lo malo” en ese alumno a quien en algún momento lo instituyó en la cultura del facilismo. El no “hacerse cargo” forma parte del discurso facilista de organizaciones e instituciones en este siglo.
Depositan en ellos su propia realidad. Construyen aquello que piensan que es “poner límites”. En palabras sencillas sería comenzar a poner límites a destiempo y jactándose de hacer las cosas como deben ser. En el mientras tanto, se le hace todo fácil, porque así no abandonan su proyecto de estudio. Y la rentabilidad de la Institución crece, que es lo que interesa o al menos lo que parecería interesar.

Martín Stortoni
Op. Psicólogo Social

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