sábado, 6 de septiembre de 2008

Grupos y Equipos


Grupos: la presencia de los otros
Qué es un grupo
Un grupo son dos o más personas que comparten expectativas, ideas, valores, normas y cultura, y que se presentan como tal frente a las demás personas. Entre ellos se producen intercambios de diversa índole, diálogos que van construyendo una historia compartida. Los grupos buscan reunirse porque hay algo que los une: algo que es propio del grupo y que ninguno puede obtener o hacer por separado (logros, realizaciones, seguridad, bienestar). El grupo va configurando así una ideología, una visión del mundo, que sirve tanto para pensar las cuestiones que pasan dentro como fuera del grupo.
Si las analizamos, veremos que lo que se comparte y la configuración grupal pueden cambiar con el tiempo: pueden variar el tamaño, los afectos, las normas y hasta las expectativas. Puede cambiar la gente que integra el grupo, lo que hace variar el sentimiento de pertenencia -en algunos será más fuerte que en otros-. Las cosmovisiones que expresan no son estáticas…Esto nos indica que los grupos, además de ser un “producto” de la vida en sociedad, son un “proceso” social dinámico. Si sólo los analizamos como un hecho puntual -como producto- nos estamos quedando con una fotografía estática que no da cuenta de la vitalidad grupal y de las transformaciones permanentes.
Los grupos son uniones dinámicas de personas, por eso avanzan, retroceden y pueden desaparecer. Lo que es importante es que un grupo es un “capital” para quienes lo integran, porque la identidad y la pertenencia los hace ser un “sujeto social” distinto del resto, los posiciona frente a los demás como una sola “persona”. También es una parte del “capital social” de la comunidad en la que se inserta.
Desde el enfoque de sistemas, el grupo tiene la característica de autorregularse: toma del ambiente los recursos para mantenerse unido, se adapta a las circunstancias, realiza funciones y expresa un “resultado”: un aporte a la comunidad distinto del que dan sus integrantes por separado.
Finalmente...
Los grupos son un mecanismo de socialización y, por eso, su formación enriquece al tejido social: los sujetos individuales conforman a los grupos y los grupos conforman a los individuos. El primer grupo, la comunidad de origen -donde se entrelazan el niño, la función madre y la función padre en una unidad que llamamos familia- construye al sujeto en su primer “llamado” a la vida: le otorga un nombre, una identidad, a través del afecto y la imposición de límites. Pero al sujeto lo espera “un lugar en el mundo”, por eso luego participará de una comunidad de objetivos -grupos, organizaciones, sociedad- como una persona libre, capaz de asumir responsabilidades pero también capaz de interpelar la ley y la conformación de esa comunidad
.
Las personas, a través de los grupos, aprenden cosas nuevas, se acostumbran a dar y recibir opiniones, asumen papeles que nunca antes tuvieron, se apoyan en los otros para nuevos aprendizajes, mejoran la forma de comunicarse, sienten más seguridad. Así aumenta la identidad individual y grupal, pilares de la identidad social, aquella que necesitamos para una identidad territorial, regional y nacional, y para la defensa de la democracia y de la organización estatal que sentimos como propia si formamos parte activa del tejido social que la sustenta.
Cuando los individuos participan de organizaciones largamente construidas y creen en ellas, éstas se fortalecen en su capacidad de gestión, pasan a ser “instituciones”. El Estado que queremos comienza en estos pequeños grupos...
Las mujeres que se reúnen en grupos que no son sólo la familia, comienzan a aportarle al Estado aquello de lo que hoy quizás solamente disfruten sus hijos: el potencial que guarda se vuelve capital social.
Qué es un equipo
Cuando un grupo expresa sus expectativas como un programa concreto de trabajo, es decir, cuando sus expectativas -esperanzas, deseos, ilusiones- se convierten en objetivos a cumplir, ese grupo se ha transformado en un equipo.
Como ese objetivo a cumplir necesita de una mayor organización interna para que todas las acciones se complementen y armonicen, el primer efecto de la definición de objetivos es la asignación de roles y funciones. Por esta razón, vamos a decir que lo que distingue a un equipo es:
-la expresión de un fin determinado.
-la asignación de roles y funciones en virtud de ello.
Dentro de un grupo puede formarse un equipo, y viceversa, en algún momento, muchos grupos pueden formar un solo equipo de trabajo. En general, hablaremos de equipos en casos de conjuntos de personas pocos numerosos (dos a veinte personas) ya que en los grupos más numerosos se habla de “organizaciones” y se definen, dentro de ellas, los diferentes equipos estables o temporarios -que se reúnen para la realización de un proyecto-. Sin perjuicio de lo anterior, existen equipos con cierta autonomía que interactúan con distintas organizaciones: equipos consultores, equipos técnicos, políticos, etc.: hablamos del “equipo del doctor Favaloro”, el “equipo de rescate”… (Debemos tener en cuenta que las personas “entran” y “salen” constantemente de grupos, equipos y organizaciones, lo que constituye el fundamento del dinamismo social.)
A la hora de trabajar por una fiesta del día del niño o una campaña de vacunación, a la hora de los proyectos y los programas, hablaremos de equipos de trabajo. En esta circunstancia, las habilidades sociogerenciales -comunicación, conducción de grupos, análisis de problemas y toma de decisiones, negociación- serán fundamentales. Los equipos deben “gerenciarse”: la gerencia hace referencia a la capacidad de ”hacer hacer” o “hacer que otros hagan” , esto es, conducir las conductas de las personas hacia el logro de un resultado determinado. La razón de ser de los equipos es la meta o fin que se propusieron, el proyecto que deben cristalizar.
Qué es una organización
Cuando un conjunto de personas tiene necesidades en común y define objetivos a alcanzar, y éstos los expresa como norma conocida por todos los miembros y por la sociedad, y dentro de esa norma se institucionalizan roles, estamos ante una organización social.
La organización, cuando alcanza niveles formales
expresa sus objetivos y normas de agrupación, convivencia y gobierno en un “estatuto”, esto es, una regla formal que presenta frente a la sociedad y al Estado para que éstos la reconozcan.
Su ordenamiento interno se suele representar a través de un organigrama. El organigrama puede expresar los roles de gobierno (presidente, secretario, tesorero de un Consejo de Administración de una cooperativa). Los procedimientos para la obtención de resultados se representan a través del flujograma de operaciones, cada vez más difundido cuando se trata de aumentar la eficacia, la eficiencia y la calidad del proceso y del producto.
Sin embargo, podemos encontrarnos con organizaciones que se “alejan” de estas definiciones: las que, sin reconocimiento formal, cuentan con reglas internas tan sólidas que les permiten obtener objetivos sin que medie este reconocimiento. En algunos casos, llegan a constituirse movimientos de masas de enorme relevancia social, capaces de cambiar el rumbo de la historia. Esta situación, se ha dado en la Argentina y, como en otros países, se generaron controversias entre quienes quieren definir y evaluar su alcance: algunos dicen que la gente se comporta como en un “rebaño”, está masificada, otros creen que es el pueblo organizado, en la plenitud de su madurez, el que logra conformar movimientos. Para nosotros, la importancia de los movimientos y organizaciones populares radica en su capacidad de “construir sujetos” a partir de personas que previamente no podían expresar su voluntad ni ejercer su libertad.
[1] En los núcleos familiares y en las instituciones educativas se construye el aparato psíquico del sujeto. El sujeto, a su vez, es el que crea y recrea las instituciones. Las instituciones son formadoras de sujetos... Los sujetos son formadores de instituciones... ¿Cómo opera esta interdeterminación? Los sujetos interactúan en redes sociales: “El hombre sólo existe en la sociedad y por la sociedad... ” (CASTORIADIS, 1981). La sociedad no es la sumatoria de los sujetos individuales que la componen, es un sujeto complejo con sus propias reglas de juego. En ella, los hombres se relacionan, y sus relaciones están atravesadas por el juego del poder. A partir de este juego, se generan normas, valores, saberes, lenguajes, tecnologías, métodos, instituciones que configuran a las personas a través de la transmisión de este capital social.
Al proclamar la neutralidad de las instituciones sociales se intenta crear sujetos admiradores de lo instituido, convencidos de que no existe otra forma de pensar y conocer: “Si el poder no tuviese por función más que reprimir...si no ejerciese más que en una forma negativa, sería muy frágil. Si es fuerte, es debido a que produce efectos positivos a nivel del deseo... y también al nivel del saber. El poder, lejos de estorbar al saber, lo produce.” (FOUCAULT, 1992)

La formalidad e informalidad de grupos, organizaciones y liderazgos no las tomaremos como categorías opuestas, separadas, sino como momentos de un mismo proceso. La informalidad deviene, generalmente, en formalidad, lo que no significa que se sigan dando ordenamientos, conducciones y comunicaciones de tipo informal.

Claudia Bernazza

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